Trata y abuso sexual. La manipularon durante años con promesas espirituales y terminó atrapada en una secta de San Marcos Sierras

Gerardo Renee Bastos fue condenado a 10 años de prisión por trata de personas, reducción a la servidumbre y abuso sexual continuado.

Sucesos 23/10/2026

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El caso de la secta Casa Mama, que operaba en la localidad cordobesa de San Marcos Sierras, quedó nuevamente bajo la atención pública luego de que una de sus víctimas contara cómo fue captada y manipulada durante años por Gerardo Renee Bastos, el hombre que dirigía la organización y que se presentaba ante sus seguidores como “Maestro” o “El Maestro Lucidor Flores”.

Bastos, de 69 años, fue condenado este miércoles a 10 años de prisión por los delitos de trata de personas con reducción a la servidumbre y a la esclavitud, además de abuso sexual continuado.

En una entrevista con Telenoche, la principal denunciante describió el proceso mediante el cual el hombre fue condicionando sus decisiones y la mantuvo dentro de un entorno de manipulación. Su relato permitió conocer cómo se habría desarrollado el vínculo y de qué manera las supuestas enseñanzas espirituales fueron utilizadas para ejercer control sobre ella.

La captación y las promesas de enseñanzas secretas

Según contó la mujer, Bastos la convenció inicialmente de viajar a Fortaleza con la promesa de acceder a enseñanzas secretas. Durante ese período, aseguró, la obligó a participar de rituales sexuales bajo el argumento de que debía “recibir energía”.

Posteriormente, el hombre la manipuló para que viajara con él a la Argentina. La víctima explicó que llegó al país con la idea de visitar a los padres de Bastos, pero finalmente no regresó a Brasil.

“Yo tardé años en entender lo que estaba pasando y que era un crimen”, relató durante la entrevista. También explicó que le resultaba difícil comprender lo ocurrido y transmitirlo a otras personas, debido al proceso de manipulación que, según describió, había atravesado.

La mujer sostuvo que Bastos y su hijo hicieron que permaneciera en el país y que durante mucho tiempo no comprendió que no podía elegir libremente regresar a su lugar de origen.

La idea de la “reencarnación” y el aislamiento

Con el paso del tiempo, según su testimonio, Bastos la convenció de que su destino era casarse con su hijo. La mujer inició una relación con él y tuvo dos hijas.

Dentro de las creencias que el líder transmitía a los integrantes de la organización, esperaba que uno de los hijos fuera varón y representara la reencarnación del abuelo Froilán, una figura divina a la que hacía referencia.

“Mi hija tendría que ser el varón que iba a ser la reencarnación del abuelo Froilán”, recordó la denunciante.

Según relató, al no nacer el niño que Bastos esperaba, comenzó a ser cada vez más marginada dentro del grupo. Finalmente, logró escapar de esa situación y denunciar lo ocurrido ante el Polo de la Mujer y la Justicia Federal.

Su denuncia permitió exponer la existencia de Casa Mama y avanzar en una investigación que involucró a múltiples víctimas.

Una condena de 10 años de prisión

La condena contra Bastos fue dictada este miércoles y contempla los delitos de trata de personas con reducción a la servidumbre y a la esclavitud, además de abuso sexual continuado.

El testimonio de la mujer permitió conocer parte de los mecanismos que, según su relato, se habrían utilizado para captarla, manipularla y mantenerla dentro de la organización durante años.

El caso puso el foco en la gravedad de los hechos investigados y en las consecuencias que pueden dejar las situaciones de sometimiento y abuso ejercidas bajo discursos de carácter espiritual.

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