Caso Cadamuro: La Fiscalía dio estremecedores detalles sobre el crimen
Antes de dejar su cargo, el Fiscal Raúl Almeida firmó el acto de prisión preventiva para Jeremías Sanz en base a la nueva imputación que pesa sobre él por el crimen de su madre, María Eugenia Cadamuro: homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género.
Judiciales
02/08/2017
En el escrito, de 340 fojas, se deja argumentado el presunto “femicidio” en base a la jurisprudencia generada por el caso Paola Acosta.
Para la Fiscalía, en principio no podría existir ningún atenuante a la pena de prisión perpetua que le caben a ambas imputaciones mencionadas.
Según lo que reza en el expediente, María Eugenia Cadamuro fue víctima de violencia psíquica reiterada ya que fue sometida a “múltiples amenazas” según declararon al menos 15 testigos y a violencia física, como lo advirtieron personas que prestaron su testimonio en la causa; llegaron a precisar que en más de una oportunidad Jeremías habría tomado del cuello a su madre en presencia de terceros.
Pero el Fiscal hizo hincapié en la violencia económica a la que fue sometida “Maru”, dado que el imputado, con sus actitudes terminaba generando intromisiones forzosas sobre el manejo de los bienes que por derecho le pertenecían por herencia.
Consta en varios testimonios que el dinero fue motivo del gran enfrentamiento que María Eugenia mantuvo con su hermana Mabel y que las llevó a ambas a denunciarse por violencia familiar a fines de 2016. A partir de allí Jeremías habría oficiado como una especie de interlocutor pero tomando partido particularmente por su tía, quien hasta entonces disponía el manejo económico.
“La gran mayoría de las amenazas son por la cuestión económica”, confirmó una fuente de Tribunales. Incluso le habría pedido a María Eugenia que “levantara la denuncia” contra su hermana, sobre la que pesaba una orden de restricción de acercamiento.
Según los investigadores, este conflicto económico fue tan fuerte que generó una “escalada de violencia” que en la práctica obligó a la víctima a tomar algunas medidas preventivas como tener intenciones de adquirir gas pimienta o un arma, e incluso haberle dicho a su empleada: “si no vuelvo en dos horas llamá a la Policía”.
- El arma homicida
Por otra parte, la División de Balística confirmó que María Eugenia fue asesinada de dos disparos de escopeta calibre 16. Uno en el tórax, del lado izquierdo y otro a la altura de la frente. Ambos con orificios de salida.
Aunque el arma nunca fue encontrada, al analizar el contenido del celular de Jeremías Sanz, descubrieron fotografías del joven con una escopeta calibre 16 que, según varios testigos, era de su propiedad.
Las imágenes coinciden con otras de terceros donde “Jere” aparece con la misma escopeta, e incluso hay una imagen donde se la ve sobre la cama.
El imputado tenía en su poder al menos cuatro armas: una escopeta calibre 16, un rifle calibre 22, un revolver calibre 22 y una vieja escopeta recortada. Cabe destacar que no contaba con ninguna autorización del RENAR para hacer uso de las mismas, ni siquiera para portarlas.
En la camioneta Volkswaggen Amarok de Jeremías, que aún permanece secuestrada, hallaron una caja de cartuchos de escopeta calibre 16 cuyas municiones coinciden en tipo y tamaño a las encontradas en el cuerpo de la víctima.
- La campera y la colcha
Otro detalle no menor es el hecho de que María Eugenia fue encontrada dentro de una fosa de más de un metro y medio de profundidad “envuelta” en dos bolsas de consorcio -una desde los pies y otra desde la cabeza- y con la musculosa, la calza y las zapatillas con que fue vista con vida la última vez.
Pero además, tenía puesta una campera de color bordó borravino talle “L” –el mismo que usaba Jeremías- que a su vez tenía el orificio de bala en el lado izquierdo, con lo cual, probablemente María Eugenia la llevaba puesta en el momento de ser asesinada.
Casualmente, en las fotografías que fueron recuperadas del celular de Jeremías se encontraron imágenes de él con una campera exactamente igual, prenda que no fue habida en los distintos allanamientos que realizó la Justicia.
Pero el cuerpo de “Maru” estaba además cubierto por un acolchado de dos plazas que tenía rayas de un lado y era liso del otro, pero con una costura romboidal.
Un acolchado similar se puede observar en varias imágenes del cuarto del imputado antes del crimen, es decir, creen que es el mismo cubrecamas que fue utilizado para cubrir el cuerpo de la víctima.
- Confesión
Quizá lo más relevante de lo surgido en los testimonios que fueron tomados en las últimas semanas, durante la feria judicial y cuando regía un secreto de sumario, es que hay testigos que aseveraron que el día posterior al hallazgo del cuerpo, Jeremías le habría confesado el crimen a su círculo más íntimo.
Claro que esto deberá constatarse en el juicio oral y público al que será sometido el joven.
- Limpita
Finalmente, también se constató que Jeremías envió a lavar su camioneta el día después de la desaparición de su madre.
Cuando llegó al lavadero “estaba embarrada”, pero ese detalle era habitual en el uso que le daba al vehículo.
- Llamadas
También se detectó que en la madrugada del 16 de marzo el teléfono celular tuvo una gran actividad de mensajes que salieron, pero todo el registro fue borrado del aparato.
Es por eso que la Justicia acudió a las sábanas de la empresa telefónica y resta saber con quién intercambió tantos mensajes y el motivo de los mismos.
Antes de su retiro, Almeida fue contundente con su resolución y en su opinión Jeremías “actuó solo”, aunque su círculo más cercano habría decidido encubrir lo que hizo.
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