Europa en crisis. La generación que protesta en Francia, Portugal e Italia ya no cree en el "ascensor social"

Según el analista internacional Andrés Malamud, se trata del quiebre del pacto social que prometía a los jóvenes un horizonte mejor que el de sus padres.

Internacionales 21/10/2026

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Los incidentes violentos que estallaron en Francia y se extendieron a Italia, Albania y Portugal no son solo una cuestión de escuelas deterioradas o de toques de queda. Según el analista internacional Andrés Malamud, residente en Lisboa y con su propia hija en el acampe por el acceso a la vivienda, se trata de algo más profundo: el quiebre del pacto social que prometía a los jóvenes un horizonte mejor que el de sus padres.

“Esto es parte constitutiva de la juventud europea, que ve que se rompió el ascensor social”, afirma Malamud. El contrato histórico, nacido con el crecimiento económico de la era industrial, establecía que cada generación viviría mejor que la anterior. Hoy esa promesa es “incumplible”. Los jóvenes, en promedio, no tendrán jubilación, no tendrán acceso real a la vivienda y enfrentan una educación cada vez más restrictiva.


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En Portugal, el caso es concreto y elocuente. “No es que sea imposible comprar, es imposible alquilar”, resume Malamud. Las facultades de Medicina, por ejemplo, son tan selectivas que muchos portugueses se van a estudiar a la República Checa y después regresan. El sistema no produce los médicos que el país necesita. Tampoco las viviendas. Y quienes lo padecen son, sobre todo, los que todavía no tienen trabajo ni techo propio.

No es hambre. Es falta de futuro
La paradoja es brutal. Europa sigue siendo un continente rico. “Los chicos no se están quejando porque se mueren de hambre. No es que no lleguen a fin de mes. Es porque no tienen futuro”, explica. Pueden vivir con sus padres y nunca pasar hambre, pero no alcanzar la autonomía. Como resume una periodista portuguesa citada por Malamud: “Europa es el mejor lugar para vivir y el peor lugar para soñar”.

Los jóvenes protestan contra la obturación del futuro, no solo contra las dificultades del presente. Quieren algo más que ser mantenidos. Y esa frustración se contagia.

Violencia francesa y banderas palestinas: dos fenómenos distintos
Las banderas palestinas que aparecen en las manifestaciones no explican la violencia. “Palestina es una causa global, fundamentalmente occidental”, señala Malamud. En Occidente, la juventud se identifica más con los palestinos que con Israel. Pero son dos cosas separadas: hay gente con banderas que no rompe nada y gente que rompe sin banderas.

La violencia, en cambio, es un rasgo histórico de las protestas francesas. “Francia tiene una cultura del conflicto callejero que viene desde, por lo menos, la Revolución Francesa”, recuerda. Mayo del 68 dejó siete muertos. Ahora hay amputados y jóvenes que perdieron la vista, pero todavía no se cuentan víctimas fatales. “La violencia es normal” en ese país. Y da un dato que desarma: en Francia se incendian unos 40.000 autos todos los años. Es la forma típica de protestar. Esta causa genera insatisfacción; la violencia es el lenguaje tradicional con el que los franceses la expresan.

El fracaso de la integración, no de la inmigración
Malamud rechaza el diagnóstico simplista que apunta solo a la inmigración. “El problema no es la inmigración. Europa es un fracaso de integración”. Argentina y Estados Unidos son países de inmigrantes que lograron integrar. Europa, históricamente acostumbrada a expulsar población, no sabe qué hacer cuando la recibe. “Solo integran en las elecciones de fútbol”.

La raíz es colonial. Cuando nació la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, Argelia figuraba en el mapa porque era provincia francesa. Portugal descolonizó en 1975. España mantiene Ceuta y Melilla. “Los europeos colonizaron África, tornaron a los africanos habitantes de su país… y ahora los rechazan. La colonización todavía está pagando los costos”.

La ultraderecha se beneficia, pero no todos hablan igual
Políticamente, la ultraderecha francesa se beneficia porque la ultraizquierda se hizo cargo de las protestas (no necesariamente de la violencia). Sin embargo, Marine Le Pen no está en la misma vereda que Donald Trump. Mientras Trump culpa a la inmigración desde Washington, Le Pen sostiene que “el Islam es compatible con la República” y apunta al fundamentalismo, no a la religión. Quiere el Estado de bienestar, pero para los nativos.

Portugal, el contraste pacífico
En Lisboa y Oporto el tono es otro. Las protestas van por la vereda, no por la calle. Los propios manifestantes se autodisciplinan. Cuando el alcalde de Oporto desalojó un acampe a golpes, el repudio fue inmediato: “Eso es inaceptable en Portugal”. La hija de Malamud participa en solidaridad, sin violencia. “La violencia acá le pone los pelos de punta”.

Lo que viene: ajuste, insatisfacción y emigración
La mirada hacia adelante es sombría. “Viene mucho dolor en el corto plazo porque la situación macro de Europa es insustentable”. Déficit y deuda elevados obligan a un ajuste que no toca el empleo presente, sino el futuro de los jóvenes. Francia está particularmente expuesta: 120 % de deuda sobre el PBI y déficit de entre 5 y 6 %.

La ultraderecha europea quiere gasto público, pero restringido. Al mismo tiempo, Estados Unidos exige más gasto militar. El resultado previsible es más insatisfacción. Si no se traduce en más violencia, será en parte porque hay cada vez menos jóvenes: Europa está en colapso demográfico. “Los viejos van a optar por mantener sus privilegios, su vivienda y su jubilación, y los jóvenes van a tener que emigrar”.

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